viernes, 25 de abril de 2014

LOS CUERVOS SE EMPAREJAN DE POR VIDA. Mihai Ulloa








LAS GRÚAS DEL CIELO


Todo se mezclaba en mi cabeza formando una nube oscura. Recordé que mientras estuve en la cama con fiebre, a ratos recuperaba la consciencia -no estoy seguro de haber soñado que la recuperaba- y entonces papá aprovechaba para contarme la especie de parábola que Gheorghe Ursu le había narrado. La de la ciudad opaca y transparente de Cresbuat. Un viajero venido del tiempo le previno que los hombres abolirían toda guerra y toda desigualdad sólo a cambio de edificar sus ciudades con dos únicos materiales a partir de los cuales se fabricarían todos los elementos de construcción, lo que se estableció por unanimidad y de inmediato. A partir de ese momento y hasta ahora las ciudades no han parado de crecer y todo se levanta con elementos opacos o transparentes y cada ciudadana y ciudadano a su mayoría de edad debe elegir en cuál de ambos tipos de edificios quiere vivir, porque las fábricas están bajo tierra y sólo trabajan las máquinas. Y una vez decidido, la persona pasa a la estadística como ciudadana o ciudadano opaco o transparente. Lo que quiere decir que en las casas transparentes, hasta donde alcance la vista, se ve y te pueden ver, pero están completamente insonorizadas; por el contrario en las opacas no se ve ni te ven tus vecinos, pero todo, absolutamente todo se escucha hasta donde llegue el oído. Y en la estadística siempre hay un empate al cincuenta por ciento entre los que elijen ser opacos o transparentes. La gente apenas sale de casa. Todo el mundo se ha vuelto paranoico. Los transparentes cuando dejan sus hogares silentes y corren a todas partes contando a voces todo lo que han visto dentro de sus casas, hasta que se quedan totalmente afónicos y vuelven. Los opacos cuando salen de sus hogares donde todo se oye, pasan días y noches siguiendo a los transparentes escribiendo todo lo que gritan hasta que sus ojos exhaustos les ciegan y vuelven. Mi padre también dijo que el viajero antes de regresar a su mundo, advirtió que el sólo hecho de pensar cuál de ambas opciones era mejor, ver y ser visto, pero no oír ni ser oído, o por el contrario oír y ser oído, pero no ver ni ser visto, condenaba a la paranoia el destino del que se lo cuestionaba. 

1 comentario:

  1. muy chulo Emily, me encanta, me intriga leer tu novela. Un día en un vagón de metro de Londres leí una pintada: "siempre hay alguien vigilando" o algo así, en fin.

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