LAS GRÚAS DEL CIELO
Todo
se mezclaba en mi cabeza formando una nube oscura. Recordé que mientras estuve
en la cama con fiebre, a ratos recuperaba la consciencia -no estoy seguro de
haber soñado que la recuperaba- y entonces papá aprovechaba para contarme la
especie de parábola que Gheorghe Ursu le había narrado. La de la ciudad opaca y
transparente de Cresbuat. Un viajero venido del tiempo le previno que los
hombres abolirían toda guerra y toda desigualdad sólo a cambio de edificar sus
ciudades con dos únicos materiales a partir de los cuales se fabricarían todos
los elementos de construcción, lo que se estableció por unanimidad y de
inmediato. A partir de ese momento y hasta ahora las ciudades no han parado de
crecer y todo se levanta con elementos opacos o transparentes y cada ciudadana
y ciudadano a su mayoría de edad debe elegir en cuál de ambos tipos de
edificios quiere vivir, porque las fábricas están bajo tierra y sólo trabajan
las máquinas. Y una vez decidido, la persona pasa a la estadística como
ciudadana o ciudadano opaco o transparente. Lo que quiere decir que en las
casas transparentes, hasta donde alcance la vista, se ve y te pueden ver, pero
están completamente insonorizadas; por el contrario en las opacas no se ve ni
te ven tus vecinos, pero todo, absolutamente todo se escucha hasta donde llegue
el oído. Y en la estadística siempre hay un empate al cincuenta por ciento
entre los que elijen ser opacos o transparentes. La gente apenas sale de
casa. Todo el mundo se ha vuelto paranoico. Los
transparentes cuando dejan sus hogares silentes y corren a todas partes
contando a voces todo lo que han visto dentro de sus casas, hasta que se quedan
totalmente afónicos y vuelven. Los opacos
cuando salen de sus hogares donde todo se oye, pasan días y noches siguiendo a los
transparentes escribiendo todo lo que
gritan hasta que sus ojos exhaustos les ciegan y vuelven. Mi padre también dijo
que el viajero antes de regresar a su mundo, advirtió que el sólo hecho de
pensar cuál de ambas opciones era mejor, ver y ser visto, pero no oír ni ser
oído, o por el contrario oír y ser oído, pero no ver ni ser visto, condenaba a
la paranoia el destino del que se lo cuestionaba.

muy chulo Emily, me encanta, me intriga leer tu novela. Un día en un vagón de metro de Londres leí una pintada: "siempre hay alguien vigilando" o algo así, en fin.
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