Me confundí.
Hay veces que haces las cosas sin pensar y te confundes.
Estaba en el
cuarto de baño leyendo el periódico como hago todas las mañanas. Primero las
noticias locales, las fotos de los vecinos de pueblos de alrededores tomando
una paella o un asado, porque ahora en verano son fiestas y siempre hay algún
pueblo que lo celebra con una comida popular. En invierno suele ser más
aburrido, solo fotos de reuniones de negocios o familiares, donde es más
difícil detectar el rostro de comunión que se les queda a los chavales del
pueblo cuando están con los suyos, los bigotes manchados de antenas de gamba o
chocolate.
Saber leer el
periódico no es cualquier cosa. Yo tuve que practicar tardes enteras en el
psiquiátrico porque no podía estarme quieto. Resultó que leer el periódico era
la cosa que más me relajaba, aunque al principio siempre acababa arrugando las
hojas, porque me liaba. Son hojas grandes y no están grapadas, y hay que
prestar mucha atención y cuidado cuando pasas página. Te humedeces el dedo,
agarras la esquina sin doblarla y pasas lentamente, dejando que el sonido del
papel de periódico te embarque en la incertidumbre de la siguiente página, con
su olor a puro.
Ya eran las
once y media y se hacía tarde, no suelo tardar tanto en leer el periódico en el
cuarto de baño, normalmente con un cuarto de hora me basta, pero esta vez
llevaba ahí más de una hora. Una de las fotos locales me tuvo un poco
engatusado. Era una señora de setenta y siete años que celebraba su cumpleaños
rodeada de sus seres queridos: hermanos, hijos, amigos. Tenía incluso nietos y
bisnietos, y en el pie de página ponía algo así como “Todo esto no habría sido
posible sin ti, abuela”. A mi nunca se me ocurriría cargarle de tanta
responsabilidad a mi abuela, pero bueno, allá cada uno con sus cosas.
A lo que
íbamos, se hacía un poco tarde y yo quería terminar el periódico, sobre todo
quería llegar a la sección de parrilla de TV, que siempre me entretiene. Además
al lado están los horóscopos. En fin, que me salté la sección de deportes, pero
se me olvidó por completo humedecer la lengua, doblar con cuidado todas las páginas una por una, quise hacerlo rápido, todo de golpe, y ya sabe
que las cosas o se hacen bien o no se hacen, así que toda la mañana a la
basura, las páginas descolocadas, el ruido del papel de periódico cada vez más
y más fuerte, y yo quería pararlo así que me levanté, lo eche ahí y tiré de la
cisterna, todo dando vueltas, yo en el hospital forzándome a leer el periódico,
el retrete regurgitando, la abuela saboreando su amargo final de fotografía. Y
me sentí responsable de todo aquello, que no era precisamente una familia feliz
con sus nietos y sus bisnietos, sino una mole que se hacía cada vez más grande
y sucia. Ya no había quién que la hiciera parar.
Jjajaja, que guapo! como mola el final!, el acelerón que le metes a perder el control, casi puedes ver al notas descompuesto y cagado, atascando el baño con el peso de la realidad diaria de un municipio de provincias.
ResponderEliminarY toda esa responsabilidad.
Tienes que leerlo en la presentacion.
cuando nos veamos me tienes que hablar de este relato, me interesa, como cogiste la idea y tal... el final muy bueno.
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