COMO ARRIBA ES ABAJO, ABAJO ES ARRIBA.
Tomamos
tierra en el Aeroportul de Baneasa que es como volver a estar abajo; y hacerlo
desde el aire contemplando la extensión de los nuevos barrios y bulevares me
llenó de una especie de respetuoso orgullo por la urbe en que se está convirtiendo la ciudad. He oído hablar a papá muchas veces de lo pegajoso que
puede llegar a ser el calor de Lugo y de Orense, pero la bofetada asfixiante de
calor que recibí nada más poner el pié en la escalerilla del avión fue como si Bucarest
nos recibiera con su abrazo de vapor rumano, que es un vapor antiguo arrancado
al fuego prehistórico de la tierra con el más trabajado sudor. Así era de
gratificante volver y contemplar el edificio cilíndrico del aeropuerto y al
fondo, sobre el verde oscuro de Herăstrău, un nubarrón negro colisionando con otro gris
plomizo. Cuando subimos al coche -que tenía la chapa como una sartén- un rayo
cayó sobre el lago y un segundo después se escuchó el latigazo. Nos dirigimos
al sur, hacia la Casa Scanteia, al centro de la tormenta. Empezó a caer con
fuerza y pasamos en poco tiempo del sofoco del aire recalentado durante toda la
tarde a la humedad de la tierra recién regada, y en mi antebrazo extendido por
la ventanilla, del tórrido vapor rumano, a las cosquillas y el masaje de los
goterones del agua de lluvia; la misma que mojaba también el brazo de Elen por
la otra ventana, y que cuando llegamos, del coche a casa, y en menos de un
minuto, nos caló a todos por completo. Con todo y con eso, tuve una muy reconfortante
sensación al estar por fin en casa. Sólo subir las amplias escaleras y escuchar
los besos y la voz de Irina, encantada con nuestro regreso, preguntando si
estábamos cansados, si teníamos hambre, me hizo sentir seguridad y cariño, y al
llegar a mi habitación, me tumbé en la cama satisfecho pero agotado como lo
estaría Ulises de vuelta, no de su Odisea, si no de viajar a través de
distintas épocas, culturas y leyendas de la historia, pero sin guías que le
mostraran el camino, ni traductores que le previnieran de las mentiras. Ciego
de visiones fantásticas, consumido de echar combustible al motor del mundo de
aquel que lo imagina y narra su aventura. Ahora todo eso había parado. Hinché
varias veces el pecho con el olor de casa y abrí la ventana para que entrara
también el aroma del parque, que lo hizo con los silbidos afinados de un mirlo
que al atardecer siempre anda por detrás de casa. Cerré los ojos y me dejé
llevar por el mirlo y sus melodías de flauta dulce y por la suave fragancia de
una de las últimas tardes de verano en casa, que era como volver a estar
arriba.


Me mola mucho. Me gusta más leído que recitado, supongo que es lo que tiene la narrativa.
ResponderEliminarUna cosa, este párrafo es un poco intrincado, igual le falta alguna pausa:
"Empezó a caer con fuerza y pasamos en poco tiempo del sofoco del aire recalentado durante toda la tarde a la humedad de la tierra recién regada, y en mi antebrazo extendido por la ventanilla, del tórrido vapor rumano, a las cosquillas y el masaje de los goterones del agua de lluvia; la misma que mojaba también el brazo de Elen por la otra ventana, y que cuando llegamos, del coche a casa, y en menos de un minuto, nos caló a todos por completo."
me gustan las descripciones, se nota que tienen tu "cosa" poética....
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