lunes, 14 de abril de 2014

LOS CUERVOS SE EMPAREJAN DE POR VIDA. Mihai Ulloa



COMO ARRIBA ES ABAJO, ABAJO ES ARRIBA.


     Tomamos tierra en el Aeroportul de Baneasa que es como volver a estar abajo; y hacerlo desde el aire contemplando la extensión de los nuevos barrios y bulevares me llenó de una especie de respetuoso orgullo por la urbe en que se está convirtiendo la ciudad. He oído hablar a papá muchas veces de lo pegajoso que puede llegar a ser el calor de Lugo y de Orense, pero la bofetada asfixiante de calor que recibí nada más poner el pié en la escalerilla del avión fue como si Bucarest nos recibiera con su abrazo de vapor rumano, que es un vapor antiguo arrancado al fuego prehistórico de la tierra con el más trabajado sudor. Así era de gratificante volver y contemplar el edificio cilíndrico del aeropuerto y al fondo, sobre el verde oscuro de Herăstrău, un nubarrón negro colisionando con otro gris plomizo. Cuando subimos al coche -que tenía la chapa como una sartén- un rayo cayó sobre el lago y un segundo después se escuchó el latigazo. Nos dirigimos al sur, hacia la Casa Scanteia, al centro de la tormenta. Empezó a caer con fuerza y pasamos en poco tiempo del sofoco del aire recalentado durante toda la tarde a la humedad de la tierra recién regada, y en mi antebrazo extendido por la ventanilla, del tórrido vapor rumano, a las cosquillas y el masaje de los goterones del agua de lluvia; la misma que mojaba también el brazo de Elen por la otra ventana, y que cuando llegamos, del coche a casa, y en menos de un minuto, nos caló a todos por completo. Con todo y con eso, tuve una muy reconfortante sensación al estar por fin en casa. Sólo subir las amplias escaleras y escuchar los besos y la voz de Irina, encantada con nuestro regreso, preguntando si estábamos cansados, si teníamos hambre, me hizo sentir seguridad y cariño, y al llegar a mi habitación, me tumbé en la cama satisfecho pero agotado como lo estaría Ulises de vuelta, no de su Odisea, si no de viajar a través de distintas épocas, culturas y leyendas de la historia, pero sin guías que le mostraran el camino, ni traductores que le previnieran de las mentiras. Ciego de visiones fantásticas, consumido de echar combustible al motor del mundo de aquel que lo imagina y narra su aventura. Ahora todo eso había parado. Hinché varias veces el pecho con el olor de casa y abrí la ventana para que entrara también el aroma del parque, que lo hizo con los silbidos afinados de un mirlo que al atardecer siempre anda por detrás de casa. Cerré los ojos y me dejé llevar por el mirlo y sus melodías de flauta dulce y por la suave fragancia de una de las últimas tardes de verano en casa, que era como volver a estar arriba.






2 comentarios:

  1. Me mola mucho. Me gusta más leído que recitado, supongo que es lo que tiene la narrativa.

    Una cosa, este párrafo es un poco intrincado, igual le falta alguna pausa:

    "Empezó a caer con fuerza y pasamos en poco tiempo del sofoco del aire recalentado durante toda la tarde a la humedad de la tierra recién regada, y en mi antebrazo extendido por la ventanilla, del tórrido vapor rumano, a las cosquillas y el masaje de los goterones del agua de lluvia; la misma que mojaba también el brazo de Elen por la otra ventana, y que cuando llegamos, del coche a casa, y en menos de un minuto, nos caló a todos por completo."

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  2. me gustan las descripciones, se nota que tienen tu "cosa" poética....

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