Supongo que lo
que menos se esperan los demás de uno sea la solidez de una habitación, un
cuarto sesudo con aires de propio en el que macerar la iniciativa del fracaso,
la conversión a la normalidad, que
seas el esteta del futuro que te envuelve en un aire de ingravidez,
inalcanzable, perfecto, sobrio, sin fisuras, conversación de siglos con las
ideas bien flanqueadas. Mucha cultura mucho blablabla. Mucha mueca soberbia en
tugurios de fracasados. Yo persigo la idea pero a veces veo fisuras y me quemo
los ojos:
Estaba el otro
día con mi colega abrasando dogmas y viejas creencias cuando se me ocurrió la
tontería y no supe volverme atrás, nunca me despisto pero esta vez apareció la
idea sórdida, obscena, de la que siempre nos reímos para que pase inadvertida,
un si te he visto no me acuerdo, no vuelvas nunca y cuando vuelvas verás
nuestros pañuelos agitarse en señal de despedida y carcajadas transmitiendo
indiferencia.
Nos comíamos
unos cacahuetes sentados en la terraza de un bar, unas cervezas para pasar el
trago abrasando dogmas y viejas creencias, y la risa no aparecía por ninguna
parte, aunque la conversación se rodeara de ideas bastante huecas con pinta de
gigante. Discutíamos y recitábamos las viejas parábolas que parecen mágicas,
pero nuestros ojos, las miradas que nos echábamos no mentían. No había lugar
para la risa, solo la congoja, la congoja sola. Cada sentencia parecía más
hueca que la anterior, y ya nos estábamos quedando sin repertorio. No había
lugar para refugiarnos en los cacahuetes o la cerveza, todo estaba pareciendo
un sinsentido, nuestras miradas también cada vez más huecas y no quedaba otra
salida que agarrarse a algún objeto obtuso, porque la risa no aparecía por
ninguna parte. Sin embargo los objetos que nos rodeaban no nos reconfortaban
demasiado, ya se sabe: mesas, sillas, botellín y cuenco de frutos secos. Todo cada
vez más vacío y absurdo, con visos de llegar al final tremendo: o nos despiezamos
allí mismo como pollos a punto de participar en un asado, o nos llevamos las manos
a la cabeza para atusarnos los cabellos y a casa, sin necesidad de continuar lo
que se sabe a ciencia cierta cómo va a acabar: mal, muy mal.
Yo me desesperaba
por un pendiente, un frasco de cristal grueso, una baldosa con relieve de cara
o alguna otra quimera. Ya estaba a punto del fracaso cuando lo encontré. Aquello
que apuntalaría las revelaciones fracturadas, esas que nos rodeaban y no nos
dejarían dormir aquella noche. Aquello que por fin daría un sentido a nuestra existencia
allí, sentados en el café con dos botellines a medias y el cuenco de cacahuetes
vacío. Lo tenía enfrente de las narices, como siempre pasa. El papel sentenciador,
la frase repleta de variaciones y significados; pero poco importan estos porque
basta su presencia, su carácter de rótulo final, de solución última, de paz, de
paz en definitiva, de gracias señor por todos los dones que nos has prestado,
los hemos empleado bien, trabajos bien hecho, el tiempo del descanso va a llegar,
gracias por tu luz, reverencias y súplicas, ahora podremos dormir a gusto, gracias
en fin.
CAÑA 2 x………………….. 3,60
ya te digo, muy bueno, 1,80 la caña y vosotros perdidos en divagaciones...
ResponderEliminarHA JA.
ResponderEliminar(Como diría Nelson (el de los Simson))